La grieta contraataca
Por Matías de Urraza Desde hace más de quince años, la política argentina vive al ritmo de la lucha entre dos agrupaciones políticas hijas de la crisis del 2001. Dos fuerzas antinómicas que se necesitan como rivales y gozan tanto de llegar al poder como de derrotar a su clásico rival. No importan los aliados coyunturales, lo que importa es derrotar al adversario. Ambas fuerzas políticas necesitan de ese “otro”, totalmente opuesto, para alimentar la grieta y consolidarse a uno y otro lado de la misma. No hay margen, fuera de esto, en la más cruda faz agonal de la política. Esta dinámica es un proceso que llena de emoción a la militancia más que a la dirigencia política. Es connatural al militante movilizarse para ganar elecciones y defender la gestión actual o pasada, de acuerdo al lugar que se ocupe en la grieta. Las profundas diferencias que dividen - en partes similares – a más del 80% del electorado argentino genera un déficit estructural difícil de resolve...