La grieta contraataca

Por Matías de Urraza

Desde hace más de quince años, la política argentina vive al ritmo de la lucha entre dos agrupaciones políticas hijas de la crisis del 2001. Dos fuerzas antinómicas que se necesitan como rivales y gozan tanto de llegar al poder como de derrotar a su clásico rival.

No importan los aliados coyunturales, lo que importa es derrotar al adversario. Ambas fuerzas políticas necesitan de ese “otro”, totalmente opuesto, para alimentar la grieta y consolidarse a  uno y otro lado de la misma. No hay margen, fuera de esto, en la más cruda faz agonal de la política.

Esta dinámica es un proceso que llena de emoción a la militancia más que a la dirigencia política. Es connatural al militante movilizarse para ganar elecciones y defender la gestión actual o pasada, de acuerdo al lugar que se ocupe en la grieta.

Las profundas diferencias que dividen  - en partes similares – a más del  80% del electorado argentino genera un déficit estructural difícil de resolver, con consecuencias imprevisibles para el país.

De un lado, se ve una tensión permanente en la coalición gobernante.  El presidente hace tibios intentos de acuerdos con la oposición para afrontar la crisis sanitaria, económica y social.  Pero hay un sector que le pide mayor firmeza en las decisiones, más allá del costo que eso pueda tener para la nación en su conjunto.

Por parte de la oposición, pasa algo similar.  La segunda línea dirigencial, más acuerdista, estaba por dar un paso al frente y superar la vieja antinomia Macri-CFK.  El presidente puso sobre la mesa el tema “Vicentin” y todos los consensos volaron por los aires.  Volvió el protagonismo de los extremos acompañados por miles de militantes y ciudadanos de uno y otro lado.  A esos grupos no les importan cuáles son las soluciones posibles, sólo les interesa encontrar a los culpables.

Los principales dirigentes que hoy tienen gestionar la crisis sufren las múltiples dificultades propias del momento, sumadas a las resistencias internas.  En el mientras tanto, el país sigue empeorando su situación económica y social.  La grieta tiene el goce propio del éxito, pero llena de obstáculos la gestión.  Hoy está más viva que nunca, mientras avanza en extensión y profundidad. 

 La salida de la cuarentena enfrentará a la Argentina con una de las peores crisis de su historia.  Sólo podrá superarla con una unidad que hoy parece remota.  Es el gran desafío que la dirigencia política local tiene por delante.  No es fácil ni hay buenas disposiciones.  No es debilidad ceder posiciones, es una condición necesaria para lograr acuerdos.

La política puede transformar la realidad para bien o para mal.  ¿Qué quiere la política? ¿Quiere seguir desgastándose inútilmente turno tras turno electoral sin avanzar en la resolución delos problemas estructurales? ¿Quiere esta generación política quedar en la historia por encauzar la nación a un destino mejor? 

Es falso el cliché de “no hay que hacer política con la pandemia”.  Para superar esta situación,  hace falta mucha política.  Hay demasiados temas que solucionar y gestionar.  En definitiva, el mayor o menor consenso resolverá – o no - los problemas y el modo de hacerlo definirá las elecciones.    

 


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