Discapacidad: entre la inclusión y la agresividad

Por Matías de Urraza

Dedicado a mi viejo, quien originó el tema y puso el título a estas letras


Hace días vengo pensando en escribir sobre el tema de la discapacidad y ayer leí que entramos en la semana dedicada internacionalmente a esta cuestión.
Dicen que muchas uno evalúa los asuntos en función de lo que le ocurre en el metro cuadrado en que vive para después extrapolar ese análisis a la realidad que nos circunda.
El hecho particular que me ocurrió fue acompañar a mi padre al banco hace unos días. Tiene algunas dificultades físicas que le impiden caminar bien y mantener el equilibrio de modo adecuado. 
Tuvimos una larga cola de espera en la calle para poder ingresar a la sucursal y luego otro tanto para lograr que nos atienda alguien que nos orientara sobre cómo hacer el trámite.  Ninguna baranda ni rampa acompañó el trayecto de mi padre hasta la empleada que nos orientó.  Hasta allí todo fue dificultad y esfuerzo.
Esperamos unos minutos sentados mientras veíamos una persona con muletas que tenía enormes dificultades para circular por el banco.   Fue en ese instante cuando nos atendió otra empleada con muy buenas disposiciones.
Al terminar el trámite, le sugerí a quien nos atendía que planeasen poner barandas en el edificio para que las personas discapacitadas pudiesen circular con mayor facilidad. Me contestó que recibía la sugerencia, pero que la veía inviable y que me invitaba a ver la cocina del banco para verificar el desastre edilicio en que trabajan.
Puede parecer razonable la respuesta de la muy buena empleada bancaria, pero también muestra el sentir platense para con los discapacitados.  Una ciudad muy bien planificada en muchos aspectos y sentidos, pero tremendamente agresiva con los disminuidos física y mentalmente.
Tenemos mucho por hacer en este tema que perjudica a cerca del 10 % de la población, personas que terminan optando por salir lo menos posible de su casa dadas las dificultades que le ofrece la ciudad. 
Mucho puede hacer el Estado en sus muy distintos niveles y poderes en los casi tres mil inmuebles que alquila o tiene en propiedad en la ciudad.  Puede poner cantidad de rampas y barandas que ayuden a la mejor circulación de aquellos que menos tienen mental o físicamente. 
También sumaría bastante que arregle sus veredas como un vecino más.  Hoy tenemos cantidad de metros cuadrados de veredas rotas que corresponden a edificios públicos, lugares intransitables para cualquier discapacitado.
Los privados también son culpables en algún sentido.  ¿Cuántos bares y restaurantes conocemos que tienen baños a los que se acceden por escalera? ¿Cuándo interés ponemos cada uno de nosotros en que la ciudad cuente con espacios de esparcimiento y diversión públicos y privados para discapacitados?
La ciudad de La Plata tiene el deber de saldar esta deuda que no pertenece a ningún partido ni agrupación política.  Es algo que nos debemos todos como ciudad.  Nos debemos una política pública en este sentido.
 Hay mucho por regular.  Hay mucho por proponer.  Hay mucho por hacer. Pero sobre todo hay que tener una mirada mucho más amplia e inclusiva que ayude a mirar al otro más allá de nuestros propios intereses y dificultades.  Todos nos necesitamos a todos más de lo que creemos.

Publicado el 5 de enero de 2019 en
https://www.0221.com.ar/nota/2019-1-5-14-42-0-discapacidad-entre-la-inclusion-y-la-agresividad

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