La escenificación de la victoria

 


Por Matías de Urraza

Un activo electoral del kirchnerismo siempre fue la escenificación de la victoria.  La masividad de los actos, la mística juvenil y un muy bien logrado aire de triunfalismo fueron buenos compañeros de ruta de las campañas electorales kirchneristas.

Cientos de militantes eran capaces de llenar estadios de fútbol insultando al presidente Macri, logrando que todo el estadio haga lo mismo.  El himno camporista de “Vengo bancando este proyecto” fue recitado hasta el cansancio al nivel que fue reversionado cuando la selección argentina de fútbol participó en el Mundial de Brasil. La Mancha de Rolando fue un emblema de la campaña del 2011, acompañada por miles de militante tanto como el Clio ganador de Axel recorriendo la provincia de Buenos Aires. Una lógica de masividad, de “ya ganamos” y sólo hay que llegar a las urnas.  No importan las propuestas, los discursos ni las plataformas.

La pandemia y la cuarentena trajo cambios profundos de todo tipo.  El oficialismo fue esclavo de su propia estrategia de encierro, recurrió a actos formales, sobrios, con distanciamiento social, llenos de funcionarios y lejos de la gente.

Del otro lado, con mucho menos que las grandes movilizaciones kirchneristas, Milei llenó una plaza y se volcó a la multitud.  El acto de cierre de Rogelio Frigerio en Entre Ríos no tuvo nada que envidiar a la mística kirchnerista, donde el calor de la gente se hizo sentir con fuerza.

Muchos podrán justificar que masividad no equivale a victoria, pero sí es cierto que transmite una sensación de ella.  Hay un colectivo que acompaña al candidato.  Hay gente que está dispuesta a mostrarse acompañando las propuestas.   Como dice el viejo adagio español “hay que ser y parecer”.

El Frente de Todos se encuentra ante el desafío de volver a mostrar una estética triunfalista.  Tiene pocos días para exhibir poder de convocatoria, con el agregado que no es más algo propio o exclusivo de la fuerza gobernante de la Argentina.  La oposición entendió que, si quiere ganar, tiene que mostrar cercanía con los electores. Y eso no lo dan las redes sociales ni el big data.  Se da en el día a día, en el mano a mano, en el cara a cara…después los seguidores se encargarán de viralizar.  Pero la escenificación tiene que ser auténtica y real.

La comunicación tiene un rol importante en la política, pero una cosa nunca va a sustituir a la otra.  Lo que no se comunica no existe.  Juntos demostró que puede ocupar un lugar en el inconsciente colectivo y también lograr aires de victoria que acompañen los actos proselitistas.  Hasta ahora viene demostrando que lo complementa con buena comunicación y es una buena noticia para quienes idearon su campaña.

Unos lloran la nostalgia de ya no ser los únicos.  Los otros empiezan a tomarle el gustito a la vieja nueva mística…El 14 de noviembre será victoria para uno solo.  Ese día se corona una campaña, se plebiscita una gestión y ser verá quien fue el mejor escenificador de la victoria.    

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