Argentina vive su primavera lituana

Por Matías de Urraza

Días pasados, una hermana mía me envío una foto de la primavera lituana, donde se un florecimiento en medio de la nieve. Ver semejante imagen genera todo tipo de sensaciones. Frío, resistencia, resiliencia, vida, esperanza…. 



La economía argentina parece estar en un estado de nieve permanente.  Pasan los días y la negociación de la deuda se asimila a la cuarentena: se sabe que se va a terminar, pero no se conocen las condiciones en que todo finalizará.

En el Gobierno reina el optimismo respecto de una negociación que se extiende demasiado.  Su propuesta se acerca cada vez más a las expectativas de los acreedores, más a allá de los vencimientos establecidos.

Mientras nuestro país empezaba a ver sus primeras flores por el posible acuerdo, JP Morgan dió a conocer un aplastante informe respecto de la caída de la economía argentina: más del 10% este año y recuperación en aproximadamente cinco vueltas al sol, si el crecimiento es sostenido.

A favor de Argentina hay que decir que es un país que tiene recursos para generar ese despegue, siempre y cuando la política vernácula no se ocupe de opacarlo. Veamos cuáles son esas flores que pueden crecer en medio de tanta nieve.

Están empezando a ver su fin las cuarentenas en todo el mundo. A pesar de eso, varios países se preparan para próximas olas de pandemia y parte de esos preparativos es que la población mejore su sistema inmunológico.   Esta es una situación que requerirá de mejor alimentación y nuestro país es un serio exportador de alimentos: será un protagonista en ese mercado. 

Analistas financieros internacionales preveían para este semestre una guerra de guerrillas financiera en el mundo, que finalmente no se dio.  Cayó una bomba neutrónica llamada coronavirus y reconfiguró la situación de las finanzas de todo el planeta.

Gobiernos y bancos centrales del mundo están dando todo tipo de facilidades a sus habitantes para afrontar sus deudas, llevando las tasas de interés a su mínima expresión con créditos blandos de las más variadas especies. Esto impactará en la banca privada, que aún no ha tomado una actitud muy solidaria respecto de la pandemia.

Sin embargo, esta vez no parece que la especulación vuelva a ser protagonista de la salida de la crisis como ocurrió en otras ocasiones.  La dimensión y universalidad de la hecatombe quita margen a los especulativos.

Esta situación termina de desplomar las altísimas tasas, que nuestro país había utilizado, para controlar el dólar, sobre todo en la gestión pasada.  La inversión y el consumo argentino necesitan que esas tasas bajas se extiendan en el tiempo: ahí está buena parte del camino para motorizar la producción y el empleo.

No vienen buenos años para la producción petrolera ni la inversión inmobiliaria, por eso un empresario invitó a invertir en metales como el oro.  Es una inversión de escaso riesgo, pero a largo plazo.  Si bien es cierto que en Argentina aún hay mucho por explorar en la materia, hay otras vías que parecen más eficaces en el corto y mediano plazo para reflotar la economía.

La pandemia trajo consigo la expansión del teletrabajo, que – en una magnitud menor que la actual – vino para quedarse.  Además 1.700 millones de niños y jóvenes en todo el mundo no están asistiendo a clases presenciales.  Todo ésto genera - y seguirá generando en los próximos meses – una demanda exponencial de dispositivos electrónicos, que funcionan con baterías de litio. Nuestro país tiene la cuarta reserva mundial del llamado “oro blanco”, una ventaja comparativa que no se puede desaprovechar para los años próximos.

El tema del déficit fiscal merece unos párrafos aparte.  Argentina ha emitido moneda a niveles record para afrontar un nivel de gasto público tan descomunal como necesario. El Gobierno armó un paquete de ayuda para atender la crisis sanitaria tanto como para amortiguar la caída de la actividad económica. Por eso,  la emisión esta vez no generó la inflación que hubiese generado otras veces; más bien tuvo el efecto contrario y se llegó al nivel más bajo de inflación de los últimos años.

Semejante nivel  de déficit fiscal puede generar una oportunidad inédita para la Argentina.  Siempre se ha dicho que es muy difícil apartarnos de nuestra matriz tributaria regresiva porque necesitamos recaudar. Estamos en un momento en que el país recauda poco y gasta mucho; pero nadie lo cuestiona, ni desde lo técnico ni desde lo político.  Es un momento histórico para reconfigurar el esquema impositivo argentino y  darle un sesgo progresivo, que apoye y acompañe el desarrollo productivo.

Las 61.000 pymes que están riesgo miran con ilusión el final de la cuarentena.  La población argentina ruega para que, en ese momento, no se desate un espiral inflacionario.  Hay muchas variables en juego y un país en el medio.  Esperemos acertar e ir en la dirección correcta, aunque resulte difícil saber cuál es.

Todo puede ser cóncavo o convexo.  Depende del ángulo de dónde se lo mire.  Hay motivos para esperanzarse en medio de un panorama que parece tan frío.  Todavía puede haber flores en medio de la nieve.  Por eso, voy a terminar este artículo con una frase de Ward, que me recordó mi hermana cuando me envió las fotos – y es conocida por muchos: “el pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie, el realista ajusta las velas”.

  


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