Bolsonaro y el contrarrelativismo

Por Ángel Marino

A 48 horas del balotaje en Brasil, ya pocos dudan que Bolsonaro pueda convertirse en presidente.  La gran pregunta de la comunidad política argentina y muchos de los habitantes de nuestro país es cómo llega alguien de estas características al poder de uno de los cinco países más grandes del mundo. 
Un personaje carismático, de características sorprendentes...Un anti sistema...Todo lo contrario a quienes venían gobernando Brasil y varios países de América....
A quien no sorprende es al votante brasileño y a mucho argentino que empieza a pedir lo mismo.  No pide derecha ni izquierda.  Tampoco pide mano dura o blanda.  No pide matrimonio igualitario ni homofobia.
El ciudadano pide otra cosa y la clase política no logra descifrarlo.  Es un ciudadano que sabe mucho más que antes de sus representantes.  En la sociedad de las redes sociales, es natural que pida mayor transparencia.  Y ya no se conforma con que caigan los culpables.  No está dispuesto a votar quienes no lo son pero tampoco los denuncian.  Los consideran cómplices y socios de una política lejos de la gente.
Políticos ricos y ciudadanos pobres.  Si la idea es sálvese quien pueda, entonces la población en su conjunto está dispuesta a dar el salto al vacío con tal de decapitar a una clase política que sólo quiere votos para hacer negocios.
Puede sonar fuerte pero es el sentir popular de mucha gente en países en particular y en todo el mundo en general.  Asistimos a una gran Revolución Francesa a gran escala donde la guillotina a pasado a ser la opinión pública expresada en las redes sociales y los medios de comunicación.
El fastuoso relativismo del siglo XX ha desgastado a la población que quiere volver a los orígenes.  Ya no tolera más el "roban pero hacen".  Ya no da todo igual.  Las cosas ha dejado de ser de un modo u otro según de dónde se las mire.  Las realidades han vuelto a ser de una sola manera.  El azul ha vuelto a ser lo que siempre fue: uno color.
Por eso gana Bolsonaro y su sombra avanza sobre el resto de América Latina, como ocurrió para sorpresa del mundo con Donald Trump. Habla claro, dice verdades que la política no quiere escuchar y se libera de todo condicionamiento de poder.  Le dice chau a lo "políticamente incorrecto" y sella su alianza directamente con el pueblo.
La gente no mira sus ideas.  Admira y agradece su claridad.  Nadie tomó nota de eso en el ecosistema político de Argentina y por eso siguen estigmatizando sin comprender como los brasileños pueden votarlo.  Siguen haciendo análisis de escenarios lejos de la gente olvidando que el siglo XXI llegó y la ciudadanía se empoderó. 

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