Bolsonaro y la hora de la espada
Por Ángel Marino
En 1924, con ocasión de conmemorarse los 100 años de la batalla de Ayacucho, Uriburu le encomendó un memorable discurso a Leopoldo Lugones que terminaría siendo el punto de partida para el posterior golpe militar de 1930.
El ilustre escritor argentino dijo una frase que quedó para la historia: Señores: Dejadme procurar que esta hora de emoción no sea inútil. Yo quiero arriesgar también algo que cuesta mucho decir en estos tiempos de paradoja libertaria y de fracasada, bien que audaz ideología. Ha sonado otra vez, para bien del mundo, la hora de la espada.
Eran tiempos de regímenes autoritarios por todo el mundo y poco tiempo eso tendría su reflejo en Argentina. Trayendo esas palabras al siglo XXI, la pregunta que muchos nos hacemos es si - ante la aparición de Trump, Putin o Bolsonaro - existe margen para una hora de la espada moderna.
Es evidente que el ejército argentino actual no es el de un siglo atrás y mucho menos comparable con el de Brasil que produjo un Bolsonaro, pero no menos cierto es que gran parte de la sociedad está hastiada y pide mano dura con la corrupción y la inseguridad. Ambas demandas sumadas son más fuertes que la demanda de estabilidad económica hoy en nuestro país.
Una escueta demostración de lo que quiere el ciudadano de a pie en este tema es que la ministra con mejor imagen y mayor credibilidad es Patricia Bullrich, la encargada de la seguridad externa e interna del país.
Algo similar ocurre con Sergio Berni en Unidad Ciudadana. No es su vocero habitual, pero en sus intervenciones es uno de los más escuchados porque responde lo que solicita el sentido común en estos tiempos de fuerte inestabilidad mundial.
Hay una sociedad desamparada y huérfana de liderazgos fuertes en busca de un padre, un protector que ninguna fuerza política hoy puede aportarle. Ahí es dónde nacen los outsider. Argentina aún no encontró al suyo y difícilmente lo encuentre.
Alguno puede llegar a ilusionarse con un personaje como Tinelli, pero lo suyo huele más a proyecto personal que colectivo. El tiempo dirá si es errada esta apreciación o no pero todavía no hay nada que demuestre lo contrario a excepción de algún que otro oportunista coyuntural.
Otros piensan en un tapado del Peronismo Federal. Alguien que por sorpresa arrase con el escenario electoral actual y ponga sobre la mesa nuevos temas de discusión que aún no sabemos cuáles pueden ser. Por el espíritu conservador de ese grupo hoy parece difícil que pueda salir de ahí. Pero nunca se sabe y tal vez la novedad de alguien del perfil de Perotti o Uñac (quienes generan menos reparos en la huestes K dialoguistas que algunos de los que tienen mayor visibilidad hoy). Menem y Kirchner podrían calificarse como candidatos que llegaron así: tal vez fueron los últimos outsider del peronismo. Un antecedente que no hay que descartar y pueda volver a ocurrir.
Lo que queda claro es que no es momento para moderados ni discursos blandos. La virtud del orden no es de las que mejor prensa tiene. Es más, en nuestra sociedad conservadora con sustrato progresista es algo molesto. Pero - como viene ocurriendo en varios lugares del mundo - quien se anime a ser políticamente incorrecto tiene mayores chances de ganar. Ser incorrecto en estos tiempos posmodernos es entender que de alguna forma llegó la hora la espada otra vez pero de distinto modo....
En 1924, con ocasión de conmemorarse los 100 años de la batalla de Ayacucho, Uriburu le encomendó un memorable discurso a Leopoldo Lugones que terminaría siendo el punto de partida para el posterior golpe militar de 1930.
El ilustre escritor argentino dijo una frase que quedó para la historia: Señores: Dejadme procurar que esta hora de emoción no sea inútil. Yo quiero arriesgar también algo que cuesta mucho decir en estos tiempos de paradoja libertaria y de fracasada, bien que audaz ideología. Ha sonado otra vez, para bien del mundo, la hora de la espada.
Eran tiempos de regímenes autoritarios por todo el mundo y poco tiempo eso tendría su reflejo en Argentina. Trayendo esas palabras al siglo XXI, la pregunta que muchos nos hacemos es si - ante la aparición de Trump, Putin o Bolsonaro - existe margen para una hora de la espada moderna.
Es evidente que el ejército argentino actual no es el de un siglo atrás y mucho menos comparable con el de Brasil que produjo un Bolsonaro, pero no menos cierto es que gran parte de la sociedad está hastiada y pide mano dura con la corrupción y la inseguridad. Ambas demandas sumadas son más fuertes que la demanda de estabilidad económica hoy en nuestro país.
Una escueta demostración de lo que quiere el ciudadano de a pie en este tema es que la ministra con mejor imagen y mayor credibilidad es Patricia Bullrich, la encargada de la seguridad externa e interna del país.
Algo similar ocurre con Sergio Berni en Unidad Ciudadana. No es su vocero habitual, pero en sus intervenciones es uno de los más escuchados porque responde lo que solicita el sentido común en estos tiempos de fuerte inestabilidad mundial.
Hay una sociedad desamparada y huérfana de liderazgos fuertes en busca de un padre, un protector que ninguna fuerza política hoy puede aportarle. Ahí es dónde nacen los outsider. Argentina aún no encontró al suyo y difícilmente lo encuentre.
Alguno puede llegar a ilusionarse con un personaje como Tinelli, pero lo suyo huele más a proyecto personal que colectivo. El tiempo dirá si es errada esta apreciación o no pero todavía no hay nada que demuestre lo contrario a excepción de algún que otro oportunista coyuntural.
Otros piensan en un tapado del Peronismo Federal. Alguien que por sorpresa arrase con el escenario electoral actual y ponga sobre la mesa nuevos temas de discusión que aún no sabemos cuáles pueden ser. Por el espíritu conservador de ese grupo hoy parece difícil que pueda salir de ahí. Pero nunca se sabe y tal vez la novedad de alguien del perfil de Perotti o Uñac (quienes generan menos reparos en la huestes K dialoguistas que algunos de los que tienen mayor visibilidad hoy). Menem y Kirchner podrían calificarse como candidatos que llegaron así: tal vez fueron los últimos outsider del peronismo. Un antecedente que no hay que descartar y pueda volver a ocurrir.
Lo que queda claro es que no es momento para moderados ni discursos blandos. La virtud del orden no es de las que mejor prensa tiene. Es más, en nuestra sociedad conservadora con sustrato progresista es algo molesto. Pero - como viene ocurriendo en varios lugares del mundo - quien se anime a ser políticamente incorrecto tiene mayores chances de ganar. Ser incorrecto en estos tiempos posmodernos es entender que de alguna forma llegó la hora la espada otra vez pero de distinto modo....

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