Voto en blanco, voto celeste y el regreso de la campaña del miedo
Por Ángel Marino
Todas las fuerzas políticas han empezado con la numerología propia de los 12 meses anteriores a la contienda electoral. Fabrican escenarios, generan hipótesis, se glorían de aciertos pasados, recurren a la historia como determinante de la victoria futura....
Más allá de todo análisis, la realidad nos dice que la sociedad sigue dividida entre las dos fuerzas políticas que alimentan la grieta desde hace un par de elecciones. Hoy cada una suma alrededor de 35 puntos de intención de votos, dejando unos 10 puntos para un cómodo tercero.
La novedad es que ese tercer puesto corre serio riesgo de dejar de ser ocupado por una fuerza política para pasar a ser voto en blanco a secas. Una masa informe electoral que está dispuesta a mantenerse en esa postura sin cambios desde la primera ronda hasta el balotaje.
¿Cómo una sociedad que viene haciendo gala de sus 35 años de democracia llegó a esto? Según qué encuestas se mire el volumen de indecisos puede ir de 17 a 33 puntos, un número que parece abultado pero que se va consolidando encuesta tras encuesta como el voto de la ex presidenta más allá de su imagen negativa.
Ese voto en blanco cuenta como fuerza política en la primaria y no cuenta en la general. Es decir, en la general los votos en blanco no cuentan y todo se divide por los votos afirmativos válidamente emitidos. Los votos en blanco terminarían dándole una proyección mayor a las fuerzas que más votos saquen e incluso estirando las ventajas entre ellas.
El Gobierno ve esto con gozo y resquemor a la vez. Como ocurrió en el 2017, apuesta a una ventaja ajustada de la hoy candidata opositora para generar terror en la población que no quiere volver al pasado. Ese miedo puede llegar a garantizarle los votos necesarios para volver a ganar. La campaña del miedo al venezualización de la Argentina ha demostrado ser más que eficaz en las últimas contiendas electorales, pero habla muy mal de un gobierno cuyo único proyecto político es derrotar a Cristina.
Sabe que también es un arma de doble filo. Un PJ ansioso de poder por ahí apueste por la compañera y liquide a Cambiemos sin ningún escrúpulo esclavo de una grieta de la cual no puede salir. La división o la nada. Cuatro años de desierto fueron demasiados como para seguir perdiendo el tiempo en apuestas sin sentido dicen los peronistas con el pragmatismo que los caracteriza.
Lo que nadie ve en el medio de este caos es cómo está compuesto ese voto en blanco que puede definir la elección de un modo mucho más decisivo del que se piensa.
Hay un componente emocional de hastío e insatisfacción propio de los tiempos que corren, de los errores de los distintos políticos, de promesas inconclusas....Pero también hay un componente de valores innegociables para determinados grupos de la sociedad.
La discusión del aborto en ese sentido dejó a una sociedad argentina más dividida que nunca. El diálogo tiene un límite en el que piensa distinto. El progresismo hizo en esfuerzo descomunal por dar sobre entendido que todos pensaban lo mismo y se encontró con la sorpresa de roles cambiados. Mientras los verdes se convirtieron en fundamentalistas cuasi religiosos por lograr su objetivos, los celestes se volvieron más sociológicos y más políticos a la hora de actuar. Todos hubiésemos esperado lo contrario.
El progresismo argentino ha constituido a la minoría celeste en un núcleo duro que responde a las características de los que está ocurriendo en la política mundial. Los países como Estados Unidos, Rusia, Inglaterra y Brasil se están volviendo nacionalistas y religiosos.
Argentina parece ir a contra mano del mundo, pero mantiene anti cuerpos en ese núcleo celeste que votará en blanco en la próxima elección. No votará a Macri por sentirse traicionado en el momento que habilitó el debate del aborto y no votará a Cristina por su voto verde.
Es un voto herido, que no negocia valores, que se va a involucrar. Un voto que era indiferente y desinteresado. No le importaba la economía, ni la inseguridad, ni la corrupción. Fue mutando con las épocas y los espacios políticos. Pero nunca iba a ceder en su defensa de la vida. Ha nacido una minoría dura, hoy tan anárquica como los indignados en España hace diez años...El tiempo dirá si el germen de algo nuevo y distinto en Argentina, si es parte del proceso de nacionalismo y religiosidad mundial...O si será sólo un experimento testimonial destinado a resistir o resginarse y desaparecer...En la Argentina de hoy nada está dicho.
Todas las fuerzas políticas han empezado con la numerología propia de los 12 meses anteriores a la contienda electoral. Fabrican escenarios, generan hipótesis, se glorían de aciertos pasados, recurren a la historia como determinante de la victoria futura....
Más allá de todo análisis, la realidad nos dice que la sociedad sigue dividida entre las dos fuerzas políticas que alimentan la grieta desde hace un par de elecciones. Hoy cada una suma alrededor de 35 puntos de intención de votos, dejando unos 10 puntos para un cómodo tercero.
La novedad es que ese tercer puesto corre serio riesgo de dejar de ser ocupado por una fuerza política para pasar a ser voto en blanco a secas. Una masa informe electoral que está dispuesta a mantenerse en esa postura sin cambios desde la primera ronda hasta el balotaje.
¿Cómo una sociedad que viene haciendo gala de sus 35 años de democracia llegó a esto? Según qué encuestas se mire el volumen de indecisos puede ir de 17 a 33 puntos, un número que parece abultado pero que se va consolidando encuesta tras encuesta como el voto de la ex presidenta más allá de su imagen negativa.
Ese voto en blanco cuenta como fuerza política en la primaria y no cuenta en la general. Es decir, en la general los votos en blanco no cuentan y todo se divide por los votos afirmativos válidamente emitidos. Los votos en blanco terminarían dándole una proyección mayor a las fuerzas que más votos saquen e incluso estirando las ventajas entre ellas.
El Gobierno ve esto con gozo y resquemor a la vez. Como ocurrió en el 2017, apuesta a una ventaja ajustada de la hoy candidata opositora para generar terror en la población que no quiere volver al pasado. Ese miedo puede llegar a garantizarle los votos necesarios para volver a ganar. La campaña del miedo al venezualización de la Argentina ha demostrado ser más que eficaz en las últimas contiendas electorales, pero habla muy mal de un gobierno cuyo único proyecto político es derrotar a Cristina.
Sabe que también es un arma de doble filo. Un PJ ansioso de poder por ahí apueste por la compañera y liquide a Cambiemos sin ningún escrúpulo esclavo de una grieta de la cual no puede salir. La división o la nada. Cuatro años de desierto fueron demasiados como para seguir perdiendo el tiempo en apuestas sin sentido dicen los peronistas con el pragmatismo que los caracteriza.
Lo que nadie ve en el medio de este caos es cómo está compuesto ese voto en blanco que puede definir la elección de un modo mucho más decisivo del que se piensa.
Hay un componente emocional de hastío e insatisfacción propio de los tiempos que corren, de los errores de los distintos políticos, de promesas inconclusas....Pero también hay un componente de valores innegociables para determinados grupos de la sociedad.
La discusión del aborto en ese sentido dejó a una sociedad argentina más dividida que nunca. El diálogo tiene un límite en el que piensa distinto. El progresismo hizo en esfuerzo descomunal por dar sobre entendido que todos pensaban lo mismo y se encontró con la sorpresa de roles cambiados. Mientras los verdes se convirtieron en fundamentalistas cuasi religiosos por lograr su objetivos, los celestes se volvieron más sociológicos y más políticos a la hora de actuar. Todos hubiésemos esperado lo contrario.
El progresismo argentino ha constituido a la minoría celeste en un núcleo duro que responde a las características de los que está ocurriendo en la política mundial. Los países como Estados Unidos, Rusia, Inglaterra y Brasil se están volviendo nacionalistas y religiosos.
Argentina parece ir a contra mano del mundo, pero mantiene anti cuerpos en ese núcleo celeste que votará en blanco en la próxima elección. No votará a Macri por sentirse traicionado en el momento que habilitó el debate del aborto y no votará a Cristina por su voto verde.
Es un voto herido, que no negocia valores, que se va a involucrar. Un voto que era indiferente y desinteresado. No le importaba la economía, ni la inseguridad, ni la corrupción. Fue mutando con las épocas y los espacios políticos. Pero nunca iba a ceder en su defensa de la vida. Ha nacido una minoría dura, hoy tan anárquica como los indignados en España hace diez años...El tiempo dirá si el germen de algo nuevo y distinto en Argentina, si es parte del proceso de nacionalismo y religiosidad mundial...O si será sólo un experimento testimonial destinado a resistir o resginarse y desaparecer...En la Argentina de hoy nada está dicho.

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