Deje el celular y mire a los ojos
Por Matías de Urraza
Tal vez sea una de las adicciones que más llama la atención
a los adultos. Se cansan de acusar a los
milenials por vivir enfrascados en las redes sociales y los juegos que ofrece
la pantalla más portátil de nuestra era.
Tal vez sea una vana descarga descarga de los adultos para
no reconocer que una debilidad común entre jóvenes y adultos.
Está estudiado que los argentinos miramos – en promedio –
entre 125 y 250 veces por día la pantalla del celular. Tal vez sea lo que mayor atención nos
requiere durante el día y ¿por qué no? la noche.
Adultos con escoliosis de tanto mirar la pantalla, niños con
miopía y astigmatismo a edad temprana por el mismo motivo. Falta de diálogo y búsqueda de un goce
infinito en algo tan efímero como un artículo electrónico sin sentimientos ni
emociones.
Toda una definición para una sociedad que se esconde de sí
misma, que prefiere evitar el conflicto y resolver los problemas con falta de
empatía profundizando así la fragmentación.
Una ciudadanía que ansía una mayor libertad, pero termina siendo esclava de un modo
inconsciente. Hoy tenemos personas con
dificultad para generar su propia agenda. La celulardependencia les impide
reflexionar y marcar un rumbo propio. Se
sienten hiper demandados y sin posibilidad de escapar del cerco tecnológico en
que se encuentran encerrados.
En física se suele decir que la energía va al foco. Cuando uno tiene el foco puesto en dos
realidades paralelas (la que a uno lo circunda y la que expone el celular) la
energía se dispersa. Bajar la intensidad
de relación con el celular puede ser una buena alternativa para que el hombre
moderno recupere energía e intensidad en las cosas que hace.
Puede ser que haya llegado el momento revolucionario de
volver a uno de los gestos más humanos de la persona: mirar a los ojos y hablar
con voz clara. Lo más simple hoy lleva
un esfuerzo descomunal, pero también llevaría a una sociedad más sana, más
fuerte, con proyectos de vida y laborales más fuertes.
Una mirada que genere confianza, empatía, diálogo, unidad,
amistad real, proyectos comunes…Una mirada que genere comprensión del que esté
al lado. Una mirada que sólo logrará
estos objetivos si es capaz de salir de la comodidad de la conversación en la
pantalla para mirar al otro.
Querido lector.
Anímese. Salga a la calle. Deje el celular y mire a los ojos.

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