La clase media francesa en el binocular argentino

Por Matías de Urraza


Ajuste, impuestos, tasas altas de desocupación, falta de competitividad, caída de la producción…Un combo perfecto para aplastar a la clase media…Cualquiera podría pensar que estoy haciendo una liviana descripción de la realidad actual argentina.
Son sólo algunas de las múltiples causas de de la crisis de los chalecos amarillos en Francia. Como ocurrió hace dos años, en los meses anteriores a la elección de Donald Trump en Estados Unidos: hay una clase media que se siente disminuida y resiste. Allí empezó un proceso, que continuó en Brasil y ahora en Francia.
La pauperización de la clase media trabajadora lleva un inesperado shock de rebelión que la clase política muchas veces no ve venir y no llega a analizar.  Reacciona tarde y sin reflejos. En Francia hoy protestan trabajadores de clase media, que rondan los cuarenta años de edad.  No los motivan ideas anarquistas ni indisciplinadas rebeldías juveniles.  Su motivación es que su salario les dé la tranquilidad de llegar a fin de mes.  Picketty en estado puro.
Cuando cualquiera de nosotros analiza estas situaciones en otros lugares del mundo lo primero que hace es extrapolarlo a la Argentina e intentar verificar si algo así puede ocurrir en nuestro país.
Antes de ir a comprar el chaleco, hay que entender que aquí hay una clase media perpleja, desconcertada, harta de la política tradicional, que no quiere que sus demandas sean presas del oportunismo de alguna facción política.  Ciudadanos de a pie que salieron a la calle a protestar en los últimos años del gobierno de CFK y ahora se resisten a protestar junto a ella contra el gobierno actual.
Perversa dicotomía en la que se encuentra la población actual.  Un umbral de tolerancia en apariencia alto, pero que cada día baja más y más.  Un hastío que no encuentra cómo manifestarse.  Una clase media que detesta la violencia y la politiquería banal.  Que pretende lo mismo que la clase media francesa: la noble tranquilidad de llegar a fin de mes.
En este contexto sólo podemos llegar a una conclusión. Lo que cubre al gobierno actual de una masiva protesta callejera no son sus buenas acciones de gobierno. Al Ejecutivo Nacional en este momento lo salva la grieta que es más real que nunca: la clase media no se anima a protestar masiva y abiertamente contra el gobierno para no quedar enredada en el lodazal opositor kirchnerista, que hace años no la representa.
 La hiper polarización sigue siendo funcional a algunos, pero no para el conjunto de la población. Sirve para la campaña, pero no para la gestión.   No se puede vivir del odio a costa del odio al otro.
El riesgo de sostenerse en la grieta y a costa de ella es que un día deje de profundizarse, otro día se acabe y seamos conscientes del tiempo y energía que perdimos.    
No queremos ser la Francia actual, pero tampoco queremos ser la Argentina de siempre.


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