Los millennials no usan jeans


Por Matías de Urraza 

Era un cálido mediodía de enero como cualquier otro. Me senté a almorzar con un millennial.  Previamente giro mis muñecas desnudas de todo accesorio para mostrar que no uso reloj, costumbre asentada entre los jóvenes de esta generación. 
Hablamos de todo: de modismos, de nuevas creencias, lenguaje….Terminamos el almuerzo, me miró de arriba a abajo y recaló en mis pantalones vaqueros. Cerró la conversación diciendo: “los millennials no usamos jeans”.
Eso los pinta de cuerpo entero.  Son una nueva generación - junto con los centennials - que rompen moldes y paradigmas por muchos lados.  Nadie dudó – por generaciones – que el jean era una prenda que manifestaba espíritu juvenil y rebeldía. Algo que estos jóvenes están enterrando.
Tienen una visión del mundo y una lógica distintas.  Tienen la sensación de haber llegado donde sus padres aspiran a llegar.    Son tribales, nómades de las redes sociales: llegan a cada una de ellas, imponen su lenguaje y se van a otra cuando aparecen los mayores.
No necesitan más que una computadora y un celular para vivir.  Allí está todo lo que necesitan: las personas con quienes quieren relacionarse y aquellas cuestiones que quieren conocer y profundizar.  Youtube, Spotify y Netflix ponen el resto.  Fuera de eso, hay pocas cosas que llamen poderosamente su atención.
Allí concentran su poder ante una dirigencia desconcertada, que por momentos luce cansada. Tal vez haya sido un botón de muestra como introdujeron la discusión del lenguaje inclusivo al nivel que obligaron a que la Real Academia Española tuviese que expedirse sobre el tema.  
En Argentina, esta camada votó por primera vez a presidente en el 2015 y lo hizo en un número grande porque era la primera vez que votaban los jóvenes de 16 años.  En pocos meses, tendrán la oportunidad de manifestar sus gustos en las urnas por segunda vez.
Como ha ocurrido en otras ocasiones, empezaremos a ver cómo los políticos - con intencionalidad e ingenuidad al mismo tiempo - gastan dinero intentando seducir al público joven y acercarse a él.
En esta ocasión tal vez sea un esfuerzo más vano que otras veces.  Como decía más arriba es una generación más desinteresada, con otra visión de la vida y el mundo.  Miran de la misma manera el primer metro cuadrado que los rodea que lo que ocurre en otras partes del mundo.
Más pragmáticos que idealistas, en su mayoría son impermeables a las publicidades en redes sociales y seguramente escaparán de ellas cuando aparezcan las caras de los candidatos.  No dudemos que serán votantes indecisos hasta la semana previa a la elección y en un rapto de emoción pueden llegar a definir su voto al entrar al cuarto oscuro.
La gran incógnita en si algún político argentino tendrá la lucidez y frescura necesaria para conquistar a esta porción de importante del electorado, que son los sub 26.  Hará falta buen talante, juventud de espíritu, capacidad de mostrar futuro y proyección, decisión para abrir horizontes. Nada novedoso para un público juvenil de cualquier época.  Todas cosas que antes se lograban con buenas dosis de altruismo y consignas claras.  Pero hoy puede ser insuficiente.
 Un grupo etario que se resiste a ser saturado de información de los candidatos, que requiere cuidado y empatía.  Habrá que escucharlos y disfrutarlos más que intentar entenderlos si se pretenden que estén del lado de uno.  
Son ellos quienes volcarán la elección hacia un lado u otro.  No entran en las estadísticas de la mayoría de las encuestas que se publican en estos días.  Son sondeos de opinión IVR que van  dirigidos a teléfonos fijos, un objeto de anticuario para los millennials y al cual no le prestan atención.
La Argentina necesita de todos.  También de la fuerza de la juventud. Esos jóvenes que no usan jeans y muestran su rebeldía de otra forma.  No podemos darnos el lujo de aceptar una grieta generacional por falta de comprensión entre las partes.  No envejezcamos a nuestros jóvenes.  Ojalá el mensaje sea leído por los futuros candidatos y sepan adaptarse a los modos de ser y pensar de las nuevas generaciones.




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