No renunciemos a volar!
Por Matías de Urraza
Mucho se habla en la ciudad de La Plata de cambiar la matriz
económico productiva platense, de dejar de ser dependientes de la
administración pública como proveedora de empleo y empezar a explorar otras
vías. Y para emprender ese camino hay que generar condiciones de
infraestructura que faciliten el desarrollo de nuevos negocios y alternativas
laborales.
Dentro de ese marco encontramos a la ciudad de La Plata como
la única capital de provincia argentina que no tiene su aeropuerto en
actividad. Pienso que no somos
conscientes del potencial que estamos perdiendo por no poner entre las
prioridades de gestión este tema. Aeropuerto en cualquier lugar del mundo es
sinónimo de desarrollo.
No escribo de esto por un simple gusto personal - que lo
tengo – ni por el planteo que hizo el arzobispo platense recientemente sobre
este tema. Lo escribo porque pienso que
es algo que puede acompañar el desarrollo regional en varios aspectos.
Una ciudad que alberga a más de 60.000 estudiantes de otras
ciudades, provincias y países. Sede de
una de las universidades más importantes del país, indiscutible polo de
docencia e investigación. También aquí
se asientan las cabeceras de casi treinta colegios profesionales que regulan el
ejercicio profesional de miles de matriculados, enrolados a su vez en
federaciones nacionales con las cuales interactúan permanentemente.
Todo este entramado académico, cultural, administrativo y profesional
sumado a la ola de las aerolíneas low cost
y la realidad del funcionamiento del mundo actual hacen imperiosa esta
necesidad de infraestructura.
Hace poco, una de las empresas que está pidiendo rutas
aéreas para volar desde suelo platense dijo que se podía hacer cargo de las
necesarias obras de infraestructura para poner en valor en aeropuerto.
Aquí nos enfrentamos a una disyuntiva – no menor - acerca de
la localización del aeropuerto. Tal vez
la demanda local sea insuficiente para el aeropuerto y haya que facilitar la
llegada de pasajeros tanto de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como del
Conurbano sur.
Es posible que para esos viajeros sea más accesible que el
aeropuerto esté localizado a la entrada de la ciudad de La Plata, cerca de la
bajada de la autopista. Esta opción
tendría un costo mayor, pero no es una opción a descartar.
Si se optase por mantener la ubicación actual contaría con
la ventaja de un predio que cuadruplica a Aeroparque y que – a diferencia de
los aeropuertos de San Fernando y Palomar – tiene dos pistas: una podría
utilizarse para aterrizaje y otra para rodaje o transporte de carga
(aprovechando la ventaja comparativa de la cercanía del puerto.
Sin embargo, habría que evitar el síndrome del Puerto de La
Plata. En el año 2012 se inauguró el
Puerto La Plata - tal vez el más moderno del país – y está inactivo porque aún
no se terminaron las necesarias vías terrestres de acceso.
Hay tres obras viales en curso y una nueva que podrían
acompañar las obras de infraestructura aeroportuarias para facilitar la llegada
masiva de pasajeros. Habría que terminar los tres kilómetros que faltan de la
autopista La Plata – Buenos Aires y generar un by pass hasta la avenida
90. Algo similar habría que hacer con la
siempre postergada ruta 6 y con la
Presidente Perón.
Por último, habría que ensanchar la ya desbordada avenida 7
en el tramo que va desde 72 hasta el Aeropuerto. Esta obra además sería de un profundo impacto
social dado que ayudaría a la mejor integración de los habitantes de la zona
sur, la de mayor crecimiento demográfico en la periferia platense.
Es misión de todos los que discutimos las políticas públicas
de esta ciudad poner en discusión este tema.
Tenemos que convencernos que podemos volar. No renunciemos a ese sueño y lo veremos cada
día más cerca.
Ojalá seamos la generación que pueda decirle a nuestra
ciudad aquello que canta Andrés Calamaro:
Publicado el 23 de abril de 2019 en
https://www.0221.com.ar/nota/2019-4-23-15-18-0--platenses-no-renunciemos-a-volar

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