Genocidio de expectativas

Por Matías de Urraza


En un cálido almuerzo, un viernes de noviembre, un comensal de la mesa en que estaba esbozó la frase que dio nombre a este artículo.
Es cierto que las campañas políticas son un cúmulo de promesas por parte los candidatos y otro tanto de expectativas por parte de los votantes.
Todo tan real como el submundo de aspiraciones de los integrantes de las segundas líneas dirigenciales. Ordas de especialistas en roscas que saben perfectamente lo que hay que hacer, pero nunca nadie les dio la posibilidad de demostrarlo en la forma y condiciones que ellos hubiesen deseado.
La ansiedad por conquistar el poder puede ser contraproducente si no es satisfecha. Casi tanto como la insatisfacción que produce el enterarse que no se podrán ocupar los lugares que se ansiaban. Esto no puede ni debe dar lugar al individualismo y la indiferencia por parte de los dirigentes políticos.
Puede ser que situaciones de este estilo se empiecen a dar con el gobierno que empieza en pocos días.  Pero la incógnita más importante está centrada en el comportamiento que tendrán los votantes blandos, esos de voto volátil, que suelen volcar la elección para un lado o para el otro en escenarios polarizados como los que se han visto en los últimos turnos electorales.
El frente electoral que ganó las elecciones el 27 de octubre tiene una heterogeneidad tan grande que difícilmente satisfaga todas las expectativas.  Pienso que ningún gobierno puede lograrlo hoy en día y menos en el mundo de minorías en el que vivimos.
Esta muerte permanente de esperanzas inconclusas presenta un desafío sustantivo para el nuevo presidente.  Tendrá que generar consensos en la agenda social y económica de primera generación, admitiendo potenciales disensos en la de segunda generación.
Del lado de la población, queda algo similar.  Es innegable que han muerto las ilusiones para una parte importante dela población, pero hay que asumir que estas son las condiciones y circunstancias que harán las veces de marco de convivencia en los próximos años. 
No hay más lugar para diferenciar en “propios y ajenos” en la construcción de un país con bases sólidas.  Multitudes de nuevas generaciones reclaman progreso en toda Latinoamérica. Tal vez tengamos la suerte que el fenómeno no llegue pronto aquí.  Sólo ocurrirá si cada uno – desde el lugar que le toca – trabaja en pos de un objetivo común, que seguramente supere a las aspiraciones personales.
Hay mucho por hacer.  Y bastante más por pensar.  Es indispensable evitar que el genocidio de expectativas, que hoy es personal, se transforme en otro de expectativas económicas y sociales.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Discapacidad: entre la inclusión y la agresividad

La escenificación de la victoria

Milei: Un antes y un después en la política Argentina