La importancia de la territorialidad

Por Matías de Urraza

El kirchnerismo nació en Santa Cruz, pero rápidamente trasladó lo su centro de gravedad a la provincia de Buenos Aires.  Supo leer que – después de la reforma constitucional del año 94 – quien gana la elección de esa provincia tiene la presidencia prácticamente asegurada.

En el 2005, Néstor Kirchner supo poner a su mujer  - entonces por Santa  Cruz – al frente de la elección de senadores de la provincia para dinamitar el armado territorial de Duhalde.  El presidente sabía que no podría gobernar sin tener la principal provincia del país totalmente alineada con él políticamente.

Con el tiempo, el kirchnerismo encontró en La Cámpora su agrupación emblema. Un grupo de jóvenes que – a pesar de ser en su mayoría porteños – estaban dispuestos a hacer trabajo territorial en la provincia, con especial foco en el duro Conurbano Bonaerense, donde se concentran – junto a inmensos bolsones de pobreza – resabios de peronismo duhaldista.

Los miembros de esta agrupación, con la muerte de Néstor Kirchner, pasaron – en su mayoría – de militantes a funcionarios. Con la derrota electoral del 2015, fueron los custodios - tanto la Legislatura bonaerense como en la Tercera  Sección electoral – de la resistencia que volvería al poder cuatro años después.

En el 2019, los integrantes de La Cámpora volvieron como dirigentes políticos con un plan.  Lejos de lo que muchos piensan, no son los kirhcneristas más radicalizados.  Nacidos durante la dictadura, pero criados en democracia, muestran un estilo particular a la hora de ejercer el poder, defender ideas o establecer acuerdos. Wado de Pedro, Máximo Kirchner o Andrés Larroque son muy distintos en su forma de ser y su concepción de la Argentina y del mundo respecto de D´Elía, Pietragalla o Peñafort.

Esta agrupación entiende que su proyecto político tendrá extensión en el tiempo.  Como contraposición a la post política – que cree más en imágenes y redes sociales – ellos apuestan a la política pura y dura, que se nutre de ideas y territorio.

En función de eso, establecieron un plan que vienen cumpliendo con una disciplina admirable.  Por dar un ejemplo, están a la cabeza del ANSES y el PAMI, situación que les permite tener llegada permanente a al territorio por medio de las delegaciones de esos organismos.

 En la provincia de Buenos Aires, están a cargo de dos lugares estratégicos.  Tienen a cargo al Secretaría de Asuntos Municipales – que conlleva la relación con todos los intendentes – y el ministerio de  Desarrollo de la Comunidad –principal responsable de la ayuda social que reciben los municipios -.

Este marco de trabajo territorial se completa con un fuerte trabajo legislativo.  En un acuerdo con los intendentes, presiden los bloques oficialistas en ambas cámaras provinciales. Desde la Legislatura, sesión tras sesión, aseguran la aprobación de proyectos de gran consenso, que garantizan su trabajo territorial.  Ejemplo de esto puede ser la ley de asociaciones civiles, que sugiere la creación de estructuras provinciales para seguimiento de la regularizaciones de clubes y entidades barriales.  En la misma sintonía; agilizan la adhesión a la ley de parto humanizado, con la voluntad de acompañar desde la provincia a una tarea que de hace tiempo realizan los municipios.

Sabedores que nadie tiene una estructura de trabajo territorial mayor, se nutren de los recursos y palancas políticas necesarios para profundizar distintas acciones en cada municipio.  En muchos lugares, los jefes comunales no tienen reelección. Es allí donde los camporistas tienen buenas chances de ser los próximos alcaldes.  Lo mismo ocurrirá en el próximo turno electoral, los intendentes se verán obligados a negociar listas de legisladores con quienes trabajan el territorio permanentemente.

Es un plan de largo plazo y bien pensado.  Un llamado de atención puertas adentro de la coalición gobernante, pero también para la oposición que – por momentos – parece confiar más en las expresiones de las redes sociales que en el territorio.


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