La importancia de la territorialidad
Con el tiempo, el kirchnerismo encontró en La Cámpora su
agrupación emblema. Un grupo de jóvenes que – a pesar de ser en su mayoría
porteños – estaban dispuestos a hacer trabajo territorial en la provincia, con
especial foco en el duro Conurbano Bonaerense, donde se concentran – junto a
inmensos bolsones de pobreza – resabios de peronismo duhaldista.
Los miembros de esta agrupación, con la muerte de Néstor Kirchner,
pasaron – en su mayoría – de militantes a funcionarios. Con la derrota
electoral del 2015, fueron los custodios - tanto la Legislatura bonaerense como
en la Tercera Sección electoral – de la
resistencia que volvería al poder cuatro años después.
En el 2019, los integrantes de La Cámpora volvieron como
dirigentes políticos con un plan. Lejos
de lo que muchos piensan, no son los kirhcneristas más radicalizados. Nacidos durante la dictadura, pero criados en
democracia, muestran un estilo particular a la hora de ejercer el poder,
defender ideas o establecer acuerdos. Wado de Pedro, Máximo Kirchner o Andrés
Larroque son muy distintos en su forma de ser y su concepción de la Argentina y
del mundo respecto de D´Elía, Pietragalla o Peñafort.
Esta agrupación entiende que su proyecto político tendrá
extensión en el tiempo. Como
contraposición a la post política – que cree más en imágenes y redes sociales –
ellos apuestan a la política pura y dura, que se nutre de ideas y territorio.
En función de eso, establecieron un plan que vienen
cumpliendo con una disciplina admirable.
Por dar un ejemplo, están a la cabeza del ANSES y el PAMI, situación que
les permite tener llegada permanente a al territorio por medio de las
delegaciones de esos organismos.
En la provincia de
Buenos Aires, están a cargo de dos lugares estratégicos. Tienen a cargo al Secretaría de Asuntos
Municipales – que conlleva la relación con todos los intendentes – y el
ministerio de Desarrollo de la Comunidad
–principal responsable de la ayuda social que reciben los municipios -.
Este marco de trabajo territorial se completa con un fuerte
trabajo legislativo. En un acuerdo con
los intendentes, presiden los bloques oficialistas en ambas cámaras provinciales.
Desde la Legislatura, sesión tras sesión, aseguran la aprobación de proyectos
de gran consenso, que garantizan su trabajo territorial. Ejemplo de esto puede ser la ley de
asociaciones civiles, que sugiere la creación de estructuras provinciales para
seguimiento de la regularizaciones de clubes y entidades barriales. En la misma sintonía; agilizan la adhesión a
la ley de parto humanizado, con la voluntad de acompañar desde la provincia a
una tarea que de hace tiempo realizan los municipios.
Sabedores que nadie tiene una estructura de trabajo territorial
mayor, se nutren de los recursos y palancas políticas necesarios para
profundizar distintas acciones en cada municipio. En muchos lugares, los jefes comunales no
tienen reelección. Es allí donde los camporistas tienen buenas chances de ser
los próximos alcaldes. Lo mismo ocurrirá
en el próximo turno electoral, los intendentes se verán obligados a negociar
listas de legisladores con quienes trabajan el territorio permanentemente.
Es un plan de largo plazo y bien pensado. Un llamado de atención puertas adentro de la
coalición gobernante, pero también para la oposición que – por momentos –
parece confiar más en las expresiones de las redes sociales que en el
territorio.

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