¿Qué quiere la gente?
Días pasados recibí un mensaje que decía lo siguiente: “No sé qué
pide la gente. No se entiende. Vida normal no es posible”. Era un cuestionamiento propio de alguien que
se encuentra en un laberinto del cual no puede salir.
Me sirvió la pregunta para preguntarle a muchos qué piden. Unos piden recuperar el trabajo que
perdieron, otros volver a abrir su negocio – o uno nuevo si el que tenían lo perdieron para siempre -,
la mayoría quiere volver a ver a sus afectos, sus costumbres, su cotidianidad…No
piden un país mejor, ni siquiera volver al que tenían…sólo aspiran a las
mínimas cosas que pide la dignidad de una persona.
"La
libertad, finalmente, volverá a ser la regla y la prohibición será la
excepción", dijo el premier francés, Edouard Philippe, al presentar el
plan de desconfinamiento de su país tras la pandemia. Es lo que también empieza
a demandar una porción creciente de los argentinos: más libertad y menos
protocolos.
Hoy el presidente extiende la cuarentena, mientras hilvana un
trabajoso acuerdo con los bonistas argentinos.
Entiende que, una vez que eso esté resuelto, su gestión tendrá el
oxígeno financiero suficiente para salir
adelante. La realidad que ve el
presidente, post acuerdo con los bonistas, excede con creces las mejores
expectativas de los argentinos.
Alberto Fernández sabe que, si sale airoso de esta crisis, su
imagen positiva puede fortalecerse y consolidarse. Por eso apuesta fuerte al
acuerdo por la deuda. Sólo necesita un relato que acompañe. He aquí el gran déficit de su gestión: adolece
de un relato propio que la llene de épica para sumar adhesiones fuertes.
No basta con decir que
estamos haciendo bien el confinamiento. La ciudadanía no está confundida ni los
periodistas comunican mal. En caso que
la situación fuese al revés, el déficit comunicacional del Gobierno sería
preocupante. En la vida hay que “ser y
parecer” dicen los españoles.
Cuentan que cuando vino Mohamed Alí a la Argentina le dieron a
comer un chorizo en un asado peronista.
Preguntó si era de cerdo (animal prohibido para la alimentación de los
musulmanes) y le dijeron que no. Conclusión: el boxeador confió en sus
interlocutores y comió muy tranquilo la carne de cerdo pensando que era otra
cosa.
La trabajosa construcción de un nuevo relato presidencial es una
tarea urgente para una población, que necesita tanto de liderazgo como de
paternidad. En medio de tanta angustia y ansiedad, acompañar a la gente en sus
demandas se torna indispensable . Aunque
se sepa de antemano que no se puedan cumplir, pero se pueda caminar en la
búsqueda conjunta de un futuro mejor. Ya llegará el momento de preocuparse por
la carne de la cual está hecho el chorizo.

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