¿Qué quiere la gente?

Por Matías de Urraza

Días pasados recibí un mensaje que decía lo siguiente: “No sé qué pide la gente.  No se entiende.  Vida normal no es posible”.  Era un cuestionamiento propio de alguien que se encuentra en un laberinto del cual no puede salir.

Me sirvió la pregunta para preguntarle a muchos qué piden.  Unos piden recuperar el trabajo que perdieron, otros volver a abrir su negocio – o uno nuevo  si el que tenían lo perdieron para siempre -, la mayoría quiere volver a ver a sus afectos, sus costumbres, su cotidianidad…No piden un país mejor, ni siquiera volver al que tenían…sólo aspiran a las mínimas cosas que pide la dignidad de una persona.

"La libertad, finalmente, volverá a ser la regla y la prohibición será la excepción", dijo el premier francés, Edouard Philippe, al presentar el plan de desconfinamiento de su país tras la pandemia. Es lo que también empieza a demandar una porción creciente de los argentinos: más libertad y menos protocolos.

Hoy el presidente extiende la cuarentena, mientras hilvana un trabajoso acuerdo con los bonistas argentinos.  Entiende que, una vez que eso esté resuelto, su gestión tendrá el oxígeno financiero suficiente para  salir adelante.  La realidad que ve el presidente, post acuerdo con los bonistas, excede con creces las mejores expectativas de los argentinos.

Alberto Fernández sabe que, si sale airoso de esta crisis, su imagen positiva puede fortalecerse y consolidarse. Por eso apuesta fuerte al acuerdo por la deuda. Sólo necesita un relato que acompañe.  He aquí el gran déficit de su gestión: adolece de un relato propio que la llene de épica para sumar adhesiones fuertes.

 No basta con decir que estamos haciendo bien el confinamiento. La ciudadanía no está confundida ni los periodistas comunican mal.  En caso que la situación fuese al revés, el déficit comunicacional del Gobierno sería preocupante.  En la vida hay que “ser y parecer” dicen los españoles. 

Cuentan que cuando vino Mohamed Alí a la Argentina le dieron a comer un chorizo en un asado peronista.  Preguntó si era de cerdo (animal prohibido para la alimentación de los musulmanes) y le dijeron que no. Conclusión: el boxeador confió en sus interlocutores y comió muy tranquilo la carne de cerdo pensando que era otra cosa.

La trabajosa construcción de un nuevo relato presidencial es una tarea urgente para una población, que necesita tanto de liderazgo como de paternidad. En medio de tanta angustia y ansiedad, acompañar a la gente en sus demandas se torna indispensable .  Aunque se sepa de antemano que no se puedan cumplir, pero se pueda caminar en la búsqueda conjunta de un futuro mejor. Ya llegará el momento de preocuparse por la carne de la cual está hecho el chorizo. 


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