Patria no, colonia sí

 Matías de Urraza



Han pasado más de 200 años desde que Argentina dejó de ser colonia de España.  Sin embargo, el progresismo revisionista argentino se ocupó en los últimos años de estigmatizar a los años ´90.  Los califica como los años de las “relaciones carnales”, años en que supimos ser una cuasi colonia de los Estados Unidos.

A diferencia de lo que ocurre en el resto de Latinoamérica, en Argentina hay un inexplicable y contradictorio sentimiento antiyankee que no tiene fundamentos racionales ni históricos.  Los argentinos consumen Netflix, McDonald´s y Coca Cola, pero gozan hablando mal de Norteamérica.  Tal vez, un creciente grupo de hijos de los ´90 sean la excepción a esta regla sociológica del país.

Bajo del paraguas siempre rendidor de “patria sí, colonia no”; el presidente Alberto Fernández dio a conocer el DNU 690/2020 sobre telecomunicaciones.  A partir del 21 de agosto de 2020, el servicio de telefonía celular e internet pasan a ser servicios esenciales y públicos. Sus precios pasaron a ser tarifas reguladas por el Estado y quedan congeladas hasta el año 2021.

En un país imprevisible, hay un servicio que tiene total previsibilidad y eso ayuda a tomar posiciones.  Lo que para algunos fue un ataque directo al principal multimedios del país, tuvo también eco en otros países con consecuencias insospechadas.

Cualquiera de las operadoras de telecomunicaciones en el país puede dejar de invertir. Ahora tiene la excusa de que no obtiene las ganancias suficientes para hacerlo.  En la era de los avances tecnológicos, quien no avanza retrocede.  Los perjudicados pueden ser los argentinos, quienes recibirán un servicio de inferior calidad  o perderán opciones a la hora de elegir entre distintas empresas de telefonía celular. 

La vacuna de Oxford, cuya materia prima será fabricada en el país, será envasada y distribuida desde México al resto Latinoamérica.  La inversión mexicana correrá por cuenta de Carlos Slim, quien es dueño de la empresa de telefonía celular Claro.  Habrá que ver cómo hace Argentina para desoír las condiciones que imponga el magnate mexicano.

Muy cerca de allí, empresas norteamericanas - que apoyan la campaña de Donald Trump – le pidieron al primer mandatario estadounidense que intervenga ante las acciones argentinas con las telecomunicaciones.  No parece ser el problema número uno del republicano, pero sí es cierto que tienen influencia en el directorio del FMI que tendrá que negociar con Argentina en los meses venideros. Final abierto.

 Españoles que invierten en telecomunicaciones en Argentina también se verán complicados, pero también es cierto que Europa en este momento mira más a hacia adentro que para afuera.  Sus disputas están en otros mercados.

La pregunta es si el presidente argentino fue consciente, al momento de tomar semejante decisión, respecto de las consecuencias que esto tendría.  Para saber la respuesta hay que mirar a China.  Allí está expectante quien se posiciona a futuro como principal socio comercial de nuestro país.

El país oriental está desplegando su potencial por todo el mundo.  Puede abastecernos de la mejor tecnología del planeta y darnos las ayudas económicas que necesitemos tanto para afrontar deudas como para hacer infraestructura. La  intención de Cristina Fernández de Kirchner de incluir a Argentina en la ruta de la seda, es una muestra más del rumbo geopolítico que sigue el país.

Todo tendrá un costo, que aún no sabemos ni sospechamos. Puede ser desde información que fluya por la tecnología 5G hasta prioridades en Vaca Muerta o futuras plantas nucleares en el desierto del sur argentino.

La repregunta es si las nuevas “relaciones carnales” tendrán características distintas de las anteriores.  Cuando hablamos de Estados Unidos, lo hacemos con un país al que nos une un mismo continente, un océano, una valoración similar del término “libertad” y un trinomio común: “Dios, patria y familia”. Todas cuestiones en las que China tiene una visión sustancialmente distinta.

El país asiático puede ser la llave de la salida a la crisis y también de un modo nuevo de vernos involucrados en otro tipo de capitalismo.  Esperemos que la necesidad no nos lleve a renunciar a los valores sobre los cuales cimentamos la creación de nuestra nación.  

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