El regreso de los mini gobernadores
Por Matías de Urraza
A partir de la reforma constitucional de 1994, dejó de
existir el Colegio Electoral en Argentina.
El presidente se empezó a elegir por voto directo, es decir aquel quien
más votantes acumulaba resultaba primer mandatario y no el que juntaba un
determinado número de representantes en el órgano colegiado electoral.
Con ese cambio, tomó un peso decisivo el populoso Conurbano
bonaerense y sus intendentes, quienes con el tiempo fueron siendo cada más conscientes
del poder que tenían. Así fue como su capacidad de influencia fue aumentando a
nivel no ya de condicionar al gobernador de turno sino también al presidente.
Con Néstór Kirchner a la cabeza del Gobierno Nacional, el
poder de estos alcaldes aumentó exponencialmente. Tanto él como su esposa, trataron con ellos
directamente pasando por encima del gobernador Solá o de Scioli. Tal fue su crecimiento que Jorge Asís archivó
el vetusto término de barones del Conurbano por el de mini gobernadores.
Estaban al mando de municipios con población superior a la mitad de las
provincias argentinas, con un poder decisorio mayor que el que tuvo el
gobernador Daniel Scioli.
Ya no guardan la homogeneidad partidaria que tenían hace una
década y por edad están lejos de jubilarse pronto. La hiperpolarización nacional los había
dejado fuera de escena, pero el cimbronazo electoral del 12 de septiembre pasado
les devolvió protagonismo: algunos ya se habían incorporado al gabinete
nacional, otros lo hicieron más tarde al provincial.
Antes de la elección, el gobernador de la provincia de
Buenos Aires Axel Kicillof había anticipado que negociaría el presupuesto 2022
con los intendentes de Juntos. Una nueva
lógica de negociación entre oficialismo y oposición. No calculó que la derrota traería como
consecuencia una pseudo intervención de su gobierno a mano de los intendentes
PJ, que hoy ocupan mucho más que lugares en el gabinete provincial.
Alcaldes oficialistas y opositores se hicieron cargo de una
amplia negociación política en la provincia.
Llegó el momento de demostrar sensatez, madurez y diálogo de ambas
partes. Hasta ahora hay una sintonía y buen diálogo que no se veían hace rato
en la provincia. Es una buena señal para
la política. Esperemos que también lo
sea para la población en su conjunto y que el resultado del 14 de noviembre no
imponga una marcha atrás en este proceso de mayor injerencia de los mandamás
locales en la gestión de la provincia.
En poco tiempo lo sabremos.
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